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jueves, 3 de octubre de 2013

Racimo de la Palabra: Domingo 27 -TO - C

Lectura del Profeta Habacuc. 
¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que tú escuches? Yo te grito: «¡Violencia!», y tú no salvas. ¿Por qué me haces ver tantas injusticias y tú aceptas el espectáculo de la opresión? Ante mí no hay más que robos y violencia, por todas partes hay querellas y discordias. Y el Señor me respondió: «Escribe la visión, grábala en tablillas, para que pueda leerse con facilidad; pues es aún una visión para una fecha fija, llegará a su término y no fallará; si tarda, espérala, pues llegará en el momento preciso». El que no es justo sucumbirá, pero el justo por su fidelidad vivirá. 

SALMO RESPONSORIAL (Ps 95) 
Venid, cantemos jubilosos al Señor, 
aclamemos a la roca que nos salva; 
vayamos ante él a darle gracias 
y a cantar himnos en su honor. 
Venid a adorarlo, hinquemos las rodillas 
delante del Señor, nuestro creador. 
Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, 
las ovejas que él guarda. 
«No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá, 
como el día de Masá en el desierto, 
cuando vuestros padres me desafiaron 
y me pusieron a prueba 
aunque habían visto mis obras». 

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo
Querido hermano: Te recomiendo que reavives la gracia de Dios, que te fue conferida por la imposición de mis manos. Pues el Señor no nos ha dado espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de prudencia. Así pues, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero. Al contrario, soporta conmigo los sufrimientos por el evangelio, con la ayuda del poder de Dios, Conserva como modelo de sana doctrina lo que oíste de mí, con la fe y el amor de Cristo Jesús. Guarda este preciado depósito con la ayuda del Espíritu Santo, que habita en nosotros. 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.  (Lc 17, 5-10) 
En aquel tiempo los apóstoles dijeron al Señor: «Acrecienta nuestra fe». Y el Señor dijo: «Si tuvierais una fe tan grande como un grano de mostaza y dijerais a este sicómoro: Arráncate y trasplántate al mar, él os obedecería». «¿Quién de vosotros, que tenga un criado arando o pastoreando, le dice cuando llega del campo: Pronto, ven y siéntate a la mesa? Más bien le dirá: Prepárame de cenar, y ponte a servirme hasta que yo coma y beba. Después comerás y beberás tú. ¿Tendría que estar agradecido al criado porque hizo lo que se le había ordenado? Así también vosotros, cuando hayáis hecho lo que se os haya ordenado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer». 

lunes, 28 de noviembre de 2011

Adviento 2º domingo A

MARCOS 1, 1 8
Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos”». Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero El os bautizará con Espíritu Santo».

jueves, 17 de noviembre de 2011

Racimo de charlas biblicas 2

Dos aspectos pequeños ero con mucha "miga" toco en nuestro curso Fidel. La asistencia fue buena así como el diálogo. Todo es poco por ahondar en la Palabra.

SOLO UNO TAN HUMANO PODRÍA SER DIOS
Redescubrir la realidad humana de Jesús
Capitulo 2
Hemos de aprender de nuevo a Jesús, más humano, con mayor arraigo en la persona, más cercano a nuestros días, a nuestras maneras de vivir. Es un Jesús para la vida. Podemos ayudarnos con paciencia y comprensión. El fruto: una fe más adulta.


1. Miramos y escuchamos a Jesús
Me costó mucho ir a los paganos. Vosotros lo sabéis tan bien como yo: a los judíos no se nos había perdido nada en tierra de paganos. Estaban, por nacimiento, destinados al infierno. Eso nos habían enseñado desde siempre y yo lo había aprendido como todos. La tierra de paganos era para nosotros una antesala de la gehenna. No íbamos allá más que para negociar. Por eso, se me hizo muy cuesta arriba cuando en mis noches de oración empecé a entrever que el designio del Padre que hace salir su sol sobre buenos y malos (Mt 5,45) también lo hacia salir sobre judíos y paganos.
Me costó mucho ir a tierra de paganos a ofrecer el Reino. Los pies no me seguían; mi corazón se quedaba en la tierra de Israel cuando enfilaba a la región de Tiro y de Sidón. Los mismos discípulos no lo entendían: ¿qué pinta un Mesías en tierra de paganos? Les descolocaba cuando les decía: "Vamos al otro lado" (Mc 4,35). Y eso que los del "otro lado", la Decápolis, eran medio paganos, gente de alguna manera vinculada a Israel, aunque de costumbres próximas a los gentiles. Eso les descolocaba. Imaginad cuando les dije: iremos a Tiro y a Sidón. Sus ojos se abrieron incrédulos y su corazón se llenó del agrio sabor del disgusto.
Pero fuimos, porque, no sé muy bien cómo, yo intuía que eso hacía parte del Dios desconcertante que ama a quien no sabe distinguir "su mano izquierda de la derecha", como dijo la vieja profecía (Jonás 4,11). Nada más entrar en el territorio de Fenicia, en un pueblo nos salió al paso aquella mujer gritona (Mc 7, 24-31). Yo me hacía el loco, no la quería escuchar. Los mismos discípulos tuvieron que decirme que ya, estaba bien de aguantar aquella tenaz queja, aquel lamento que como un berbiquí, nos molía los sesos. Me salió automáticamente: "No está bien echar el pan de los hijos a los perros" (Mc ,27). Lo desabrido de la frase tendría que haber sido suficiente para hacer desistir a aquella mujer inasequible al desaliento. Pero el amor por su hija puso una rápida respuesta en sus labios: "También los perrillos se comen la migas que tiran los chiquillos bajo la mesa" (Mc 7, 28),
Me desconcertó. No tuve más remedio que admitir, entre regocijado y confuso, que aquella era una fe "de las grandes" (Mt 7,28), difícil de encontrar en mis paisanos de Israel. Volvimos dando un rodeo por la Decápolis. íbamos en silencio. Seguíamos sin aceptar que el Reino, nuestro sueño grande, fuera también para los paganos. Pero algún día aquella semilla sería la que fructificaría en una misión entre los paganos de consecuencias decísivas. ¿Podría esto ayudaras a des privatizar el Evangelio, cosa que habéis hecho vinculándolo a una religión? ¿Sería el recuerdo de esta aventura. suficientemente fuerte para soñar en una espiritualidad laica, propiedad de todos, más allá de los estrechos límites de una dogmática? ¿Seguís también vosotros con la vieja mentalidad de "tierra de Israel" u os habéis animado a comenzar el "viaje a los paganos", el viaje al corazón de toda persona?

Una certeza que nunca me abandonó. Nunca tuve las cosas del todo claras. La luz para saber discernir el designio del Padre venía a rachas. Unas veces la cosa estaba clara (Mt 17,2), otras se oscurecía al límite (Mc 14,34). Pero, en cualquier caso, siempre tuve anclada en el corazón una certeza: "el Padre siempre estaba conmigo" (Jn 16,32). Puede ser que nos os parezca cosa decisiva, pero para mí era, a veces, la única tierra firme que pisaban mis pies, la casa segura donde me rehacía y encontraba ánimo.
Quizá fuera porque mi vida estuvo amasada al desamparo y a una cierta soledad: mi familia no me apoyó (Mc 3,21), mi gente no fue un aliento (Mc 3,31), mis mismos discípulos se quedaban, a veces, lejos de mi alma (Mc 9,32). Algo me decía que el Padre siempre estaba ahí, que el suyo era un regazo al que podía volver cuando mordía la soledad.

Sé que algunos de vosotros se han quedado desconcertados y hasta escandalizados de que, en la cruz, manifestara con tanta violencia el abandono de Dios (Mc 15,34). Sí, me vi abandonado, perdido, en una espantosa oscuridad. Se quebró la vasija de mi vida. Pero ahora lo sé: nunca el Padre estuvo más cerca de mi vida como cuando me creí abandonado. Nunca jamás sus caricias fueron más intensas que entonces; jamás lloraron tanto los inconmensurables ojos de Dios como cuando mi sangre se derramaba en aquel patíbulo. Ahora lo he sabido. Y el saberlo, acrecienta mi certeza, aunque entonces fuera noche cerrada.

Aun me sosiega su presencia, aún me apacigua. Quizá vosotros no buscáis esta clase de remedios en vuestro tremendo frenesí moderno. Pero en esta clase de certezas anida la calma porque anida el amor. Alguno de vuestros poetas lo ha dicho: si confiarais atravesarías la vida con la tranquilidad de los grandes ríos. Eso me ha pasado a mí.

2. Dialogamos y nos escuchamos a nosotros
A.- ¡Cómo nos cuesta a nosotros hacer un sitio en nuestra mesa el distinto, sobre todo si es lejano y pobre! Sin embargo, no perdemos como personas, porque abriéndose a los otros todo el mundo sale ganando. Los cristianos habríamos de ser gente flexible con las personas de otras culturas y pueblos. ¿Cómo va evolucionando el tema de la inmigración en nuestros pueblos? ¿Cómo lo vamos viendo a medida que pasan los años?
B.- Otra cosa distinta. ¿De qué calidad es nuestra confianza en Dios? ¿Cuándo las cosas no vienen bien dadas cómo nos dirigimos a Dios? ¿Por que siempre le estamos pidiendo? ¿Habría otra manera de entender la realidad de Dios como alguien que nunca nos abandona, aunque no cumpla nuestros deseos inmediatos? ¿Se puede creer en un Dios que "no da nada", más que amor?



lunes, 10 de octubre de 2011

Evangelio domingo 29

MATEO 22, 15‑21
Se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no te fijas en las apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?» Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «¡Hipócritas!, ¿Por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto». Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?» Le respondieron: «Del César». Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».