sábado, 19 de enero de 2013

Rio solidario: los migrantes. Discurso del papa para este dia

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA JORNADA MUNDIAL
DEL EMIGRANTE Y DEL REFUGIADO 2013
 Migraciones: peregrinación de fe y esperanza
Queridos hermanos:
El Concilio Ecuménico Vaticano II, en la Constitución pastoral Gaudium et spes, ha recordado que «la Iglesia avanza juntamente con toda la humanidad» (n. 40), por lo cual «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón» (ibíd., 1). Se hicieron eco de esta declaración el Siervo de Dios Pablo VI, que llamó a la Iglesia «experta en humanidad» (Enc. Populorum progressio, 13), y el Beato Juan Pablo II, quien afirmó que la persona humana es «el primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misión..., camino trazado por Cristo mismo» (Enc. Centesimus annus, 53). En mi Encíclica Caritas in veritate he querido precisar, siguiendo a mis predecesores, que «toda la Iglesia, en todo su ser y obrar, cuando anuncia, celebra y actúa en la caridad, tiende a promover el desarrollo integral del hombre» (n. 11), refiriéndome también a los millones de hombres y mujeres que, por motivos diversos, viven la experiencia de la migración. En efecto, los flujos migratorios son «un fenómeno que impresiona por sus grandes dimensiones, por los problemas sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos que suscita, y por los dramáticos desafíos que plantea a las comunidades nacionales y a la comunidad internacional» (ibíd., 62), ya que «todo emigrante es una persona humana que, en cuanto tal, posee derechos fundamentales inalienables que han de ser respetados por todos y en cualquier situación» (ibíd.).
En este contexto, he querido dedicar la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2013 al tema «Migraciones: peregrinación de fe y esperanza», en concomitancia con las celebraciones del 50 aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II y de los 60 años de la promulgación de la Constitución apostólica Exsul familia, al mismo tiempo que toda la Iglesia está comprometida en vivir el Año de la fe, acogiendo con entusiasmo el desafío de la nueva evangelización.
En efecto, fe y esperanza forman un binomio inseparable en el corazón de muchísimos emigrantes, puesto que en ellos anida el anhelo de una vida mejor, a lo que se une en muchas ocasiones el deseo de querer dejar atrás la «desesperación» de un futuro imposible de construir. Al mismo tiempo, el viaje de muchos está animado por la profunda confianza de que Dios no abandona a sus criaturas y este consuelo hace que sean más soportables las heridas del desarraigo y la separación, tal vez con la oculta esperanza de un futuro regreso a la tierra de origen. Fe y esperanza, por lo tanto, conforman a menudo el equipaje de aquellos que emigran, conscientes de que con ellas «podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino» (Enc. Spe salvi, 1).
En el vasto campo de las migraciones, la solicitud maternal de la Iglesia se realiza en diversas directrices. Por una parte, la que contempla las migraciones bajo el perfil dominante de la pobreza y de los sufrimientos, que con frecuencia produce dramas y tragedias. Aquí se concretan las operaciones de auxilio para resolver las numerosas emergencias, con generosa dedicación de grupos e individuos, asociaciones de voluntariado y movimientos, organizaciones parroquiales y diocesanas, en colaboración con todas las personas de buena voluntad. Pero, por otra parte, la Iglesia no deja de poner de manifiesto los aspectos positivos, las buenas posibilidades y los recursos que comportan las migraciones. Es aquí donde se incluyen las acciones de acogida que favorecen y acompañan una inserción integral de los emigrantes, solicitantes de asilo y refugiados en el nuevo contexto socio-cultural, sin olvidar la dimensión religiosa, esencial para la vida de cada persona. La Iglesia, por su misión confiada por el mismo Cristo, está llamada a prestar especial atención y cuidado a esta dimensión precisamente: ésta es su tarea más importante y específica. Por lo que concierne a los fieles cristianos provenientes de diversas zonas del mundo, el cuidado de la dimensión religiosa incluye también el diálogo ecuménico y la atención de las nuevas comunidades, mientras que por lo que se refiere a los fieles católicos se expresa, entre otras cosas, mediante la creación de nuevas estructuras pastorales y la valorización de los diversos ritos, hasta la plena participación en la vida de la comunidad eclesial local. La promoción humana está unida a la comunión espiritual, que abre el camino «a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo» (Carta ap. Porta fidei, 6). La Iglesia ofrece siempre un don precioso cuando lleva al encuentro con Cristo que abre a una esperanza estable y fiable.
Con respecto a los emigrantes y refugiados, la Iglesia y las diversas realidades que en ella se inspiran están llamadas a evitar el riesgo del mero asistencialismo, para favorecer la auténtica integración, en una sociedad donde todos y cada uno sean miembros activos y responsables del bienestar del otro, asegurando con generosidad aportaciones originales, con pleno derecho de ciudadanía y de participación en los mismos derechos y deberes. Aquellos que emigran llevan consigo sentimientos de confianza y de esperanza que animan y confortan en la búsqueda de mejores oportunidades de vida. Sin embargo, no buscan solamente una mejora de su condición económica, social o política. Es cierto que el viaje migratorio a menudo tiene su origen en el miedo, especialmente cuando las persecuciones y la violencia obligan a huir, con el trauma del abandono de los familiares y de los bienes que, en cierta medida, aseguraban la supervivencia. Sin embargo, el sufrimiento, la enorme pérdida y, a veces, una sensación de alienación frente a un futuro incierto no destruyen el sueño de reconstruir, con esperanza y valentía, la vida en un país extranjero. En verdad, los que emigran alimentan la esperanza de encontrar acogida, de obtener ayuda solidaria y de estar en contacto con personas que, comprendiendo las fatigas y la tragedia de su prójimo, y también reconociendo los valores y los recursos que aportan, estén dispuestos a compartir humanidad y recursos materiales con quien está necesitado y desfavorecido. Debemos reiterar, en efecto, que «la solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber» (Enc. Caritas in veritate, 43). Emigrantes y refugiados, junto a las dificultades, pueden experimentar también relaciones nuevas y acogedoras, que les alienten a contribuir al bienestar de los países de acogida con sus habilidades profesionales, su patrimonio socio-cultural y también, a menudo, con su testimonio de fe, que estimula a las comunidades de antigua tradición cristiana, anima a encontrar a Cristo e invita a conocer la Iglesia.
Es cierto que cada Estado tiene el derecho de regular los flujos migratorios y adoptar medidas políticas dictadas por las exigencias generales del bien común, pero siempre garantizando el respeto de la dignidad de toda persona humana. El derecho de la persona a emigrar - como recuerda la Constitución conciliar Gaudium et spes en el n. 65 - es uno de los derechos humanos fundamentales, facultando a cada uno a establecerse donde considere más oportuno para una mejor realización de sus capacidades y aspiraciones y de sus proyectos. Sin embargo, en el actual contexto socio-político, antes incluso que el derecho a emigrar, hay que reafirmar el derecho a no emigrar, es decir, a tener las condiciones para permanecer en la propia tierra, repitiendo con el Beato Juan Pablo II que «es un derecho primario del hombre vivir en su propia patria. Sin embargo, este derecho es efectivo sólo si se tienen constantemente bajo control los factores que impulsan a la emigración» (Discurso al IV Congreso mundial de las Migraciones, 1998). En efecto, actualmente vemos que muchas migraciones son el resultado de la precariedad económica, de la falta de bienes básicos, de desastres naturales, de guerras y de desórdenes sociales. En lugar de una peregrinación animada por la confianza, la fe y la esperanza, emigrar se convierte entonces en un «calvario» para la supervivencia, donde hombres y mujeres aparecen más como víctimas que como protagonistas y responsables de su migración. Así, mientras que hay emigrantes que alcanzan una buena posición y viven con dignidad, con una adecuada integración en el ámbito de acogida, son muchos los que viven en condiciones de marginalidad y, a veces, de explotación y privación de los derechos humanos fundamentales, o que adoptan conductas perjudiciales para la sociedad en la que viven. El camino de la integración incluye derechos y deberes, atención y cuidado a los emigrantes para que tengan una vida digna, pero también atención por parte de los emigrantes hacia los valores que ofrece la sociedad en la que se insertan.
En este sentido, no podemos olvidar la cuestión de la inmigración irregular, un asunto más acuciante en los casos en que se configura como tráfico y explotación de personas, con mayor riesgo para mujeres y niños. Estos crímenes han de ser decididamente condenados y castigados, mientras que una gestión regulada de los flujos migratorios, que no se reduzca al cierre hermético de las fronteras, al endurecimiento de las sanciones contra los irregulares y a la adopción de medidas que desalienten nuevos ingresos, podría al menos limitar para muchos emigrantes los peligros de caer víctimas del mencionado tráfico. En efecto, son muy necesarias intervenciones orgánicas y multilaterales en favor del desarrollo de los países de origen, medidas eficaces para erradicar la trata de personas, programas orgánicos de flujos de entrada legal, mayor disposición a considerar los casos individuales que requieran protección humanitaria además de asilo político. A las normativas adecuadas se debe asociar un paciente y constante trabajo de formación de la mentalidad y de las conciencias. En todo esto, es importante fortalecer y desarrollar las relaciones de entendimiento y de cooperación entre las realidades eclesiales e institucionales que están al servicio del desarrollo integral de la persona humana. Desde la óptica cristiana, el compromiso social y humanitario halla su fuerza en la fidelidad al Evangelio, siendo conscientes de que «el que sigue a Cristo, Hombre perfecto, se perfecciona cada vez más en su propia dignidad de hombre» (Gaudium et spes, 41).
Queridos hermanos emigrantes, que esta Jornada Mundial os ayude a renovar la confianza y la esperanza en el Señor que está siempre junto a nosotros. No perdáis la oportunidad de encontrarlo y reconocer su rostro en los gestos de bondad que recibís en vuestra peregrinación migratoria. Alegraos porque el Señor está cerca de vosotros y, con Él, podréis superar obstáculos y dificultades, aprovechando los testimonios de apertura y acogida que muchos os ofrecen. De hecho, «la vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía» (Enc. Spe salvi, 49).
Encomiendo a cada uno de vosotros a la Bienaventurada Virgen María, signo de segura esperanza y de consolación, «estrella del camino», que con su maternal presencia está cerca de nosotros cada momento de la vida, y a todos imparto con afecto la Bendición Apostólica.

Ciudad del Vaticano, 12 de octubre de 2012
BENEDICTO PP. XVI





jueves, 13 de diciembre de 2012

Campaña de Caritas nacional para Navidad

En este tiempo de Navidad, Cáritas lanza la primera fase de su Campaña Institucional 2012-13 en la que apuesta por construir un modelo de sociedad donde el trabajo sea una fuente de desarrollo personal y social a partir de la cual podamos reconstruir juntos el bien común, y donde conceptos como el reparto del trabajo o la renta básica de ciudadanía puedan contemplarse como caminos reales y posibles para hacer un mundo más justo y sostenible.

Cambiar nuestra relación con el trabajo

Bajo el lema “Vive con sencillez y trabaja por un mundo más justo”, la campaña de Navidad de Cáritas nos invita, en este contexto de crisis cada vez más incierto y desconcertante, a reflexionar sobre nuestra relación con el trabajo, con lo que significa y con lo que esperamos de él.
Como recuerdan los autores de la campaña, “empeñados en este último siglo en que el pilar del desarrollo es la economía, hemos olvidado que el verdadero progreso es el anhelo humano, común a todos, de ser feliz y hacer felices a los demás. Trabajar para vivir, para desarrollarnos como personas capaces de crear y proyectar, ha dejado paso al vivir para trabajar, para ganar más dinero, para adquirir más bienes”.
Por esa razón, Cáritas nos invita con motivo de la Navidad a vivir con sencillez y a trabajar por un mundo más justo donde entre todos podamos lograr un trabajo “decente”. Esto significa:
- Que sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer.
- Un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad.
- Un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación.
- Un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar.
- Un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz.
- Un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual.
- Un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación.

Derribar los muros cada vez más gruesos de la desigualdad
En el mundo en el que vivimos –afirmaEva San Martín, responsable de la Campaña Institucional de Cáritas-- los muros de las desigualdades sociales son cada vez más gruesos, los muros que cierran los caminos para acceder a un trabajo digno y estable son cada vez más altos, los muros que nos aíslan y nos hacen vivir individualmente, encerrados en nosotros mismos son cada vez más impenetrables”. “En un mundo así, Cáritas, en nombre de la comunidad cristiana, sueña y quiere trabajar por hacer realidad un nuevo modelo de economía y de sociedad que no levante muros, sino que los derribe”, añade.

Para llamar la atención sobre este proceso, Cáritas ya inició el año pasado una nueva etapa bienal en su Campaña Institucional con el lema “Vive sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir”. Este año, la campaña y sus materiales didácticos siguen profundizando en la misma línea de vivir sencillamente para hacer posible un nuevo modelo de economía y de sociedad.


Recuperar el valor de la sencillez
Vivir sencillamente no se reduce a una pura cuestión material de conformarse con tener pocas cosas, sino que abarca a todo el ser de la persona. Implica una opción de vida; es un compromiso personal de tener un estilo de vivir contracorriente a los valores que promueve el modelo económico y social actual, llevando a la práctica el valor evangélico de la sencillez, con todo lo que implica de desprenderse de lo que nos deshumaniza y aleja de lo que es importante y sustancial en la vida personal y relacional, para hacer posible un mundo mejor, un “cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia” (2P 3, 13).
Por ello, la Campaña de Cáritas es una invitación a romper:
• Con el vivir subidos en la ola del consumismo, del afán de tener y poseer para hacer una opción de vivir sencillamente, ser activistas de la sencillez.
• Con el vivir individualista, encerrado en mi mundo de intereses y poner en circulación la moneda de la Gratuidad para que crezcan los bienes relacionales.
• Con el vivir aceleradamente descuidando las cosas importantes de la vida, y dedicar tiempo para la vida, para llenarse de vida y ser contagiador de Vida.

8 campanadas por los ODM
 Una de las actividades de movilización propuestas desde la Campaña es el denominado “Gesto Mensual”, que en esta edición consiste en tañer “8 campanadas para que otro mundo sea posible”
“La finalidad de este gesto –se explica en la Guía de la Campaña -- es concienciar a la comunidad parroquial sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio y darle un cauce para visibilizar públicamente la voluntad y compromiso de la comunidad por hacer posible un mundo mejor”.
La idea es que en las distintas comunidades parroquiales se hagan 8 campanadas, una por cada Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM), con el objetivo simbólico de recordar a los gobernantes que esos Objetivos están lejos de cumplirse por su falta de voluntad política. Pero ese tañido quiere recordar también a los ciudadanos que tenemos que exigir a nuestros gobernantes que cumplan lo que prometieron en el año 2000, además de comprometernos nosotros mismos a tener un estilo de vida sencillo y solidario.

Rio del Adviento HACIA LA NAVIDAD

SOFONIAS 3, 14 18a

Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás. Aquel día dirán a Jerusalén: «No temas, Sión, no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. El se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta».


SALMO RESPONSORIAL (Is. 12)


Gritad jubilosos: «¡Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel!»
El Señor es mi Dios y salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Y sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre, contad a los pueblos sus hazañas, proclamad que su nombre es excelso.

Tañed para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la tierra; gritad jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel».

FILIPENSES 4, 4 7

Hermanos: Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

LUCAS 3, 10 18
En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Entonces, qué hacemos?» El contestó: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?» El les contestó: «No exijáis más de lo establecido». Unos militares le preguntaron: «¿Qué hacemos nosotros?» El les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga». El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga». Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba la Buena Noticia.







miércoles, 7 de noviembre de 2012

Rio de la palabra de Dios, domingo 32, 11 de noviembre de 2012

Lectura del primer libro de los Reyes (17,10-16):
En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.»
Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.»
Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos.»
Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: "La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra."»
Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.
Salmo 145,7.8-9a.9bc-10
R/. Alaba, alma mía, al Señor
Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.

Lectura de la carta a los Hebreos (9,24-28):
Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres imagen del auténtico, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecia sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos.
Evangelio según san Marcos (12,38-44):
En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»
Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.
Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

miércoles, 17 de octubre de 2012

Agua fresca de la Palabra de Dios. Domingo 28

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,35-45):
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.» Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?»
Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?» Contestaron: «Lo somos.» Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.» Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»



Día de la Erradicación de la Pobreza


OCTUBRE 17
DÍA DE LA ERRADICACIÓN DE LA POBREZA
19 h. Concentración en la Plaza del Mercado. LOGROÑO
19.30 h. Repique de campanas de La Redonda y lectura del manifiesto
Manifiesto Lucha contra la Pobreza
EXIGIR QUE SE ACABE CON LA POBREZA ES NUESTRA RESPONSABILIDAD
Un año más nos rebelamos contra la pobreza. Una pobreza que ataca directamente los derechos humanos de millones de personas en todo el mundo.
Mientras los países de rentas altas y las élites sociales tienen cada vez más, 1.300 millones de personas viven en pobreza extrema en todo el mundo y casi 1.000 millones pasan hambre y no tienen acceso al agua potable y a otros servicios básicos como la salud y la educación. Al mismo tiempo, España se empobrece, como consecuencia de un modelo de desarrollo económico fallido y de políticas que priorizan los recortes, generando casi un millón de nuevos pobres cada año y el deterioro de los derechos y los servicios sociales. Ya son más de 12 millones y medio de personas quienes viven en pobreza y en riesgo de exclusión en España, casi el 27% de la población.
Perdemos derechos básicos en empleo, educación, igualdad, sanidad, cultura, consumo… No porque no haya suficientes recursos, sino por la profunda injusticia de un sistema que no promueve un reparto justo ni equitativo. Estas cifras son escandalosas; es nuestra responsabilidad exigir que se acaben.
Este panorama es la consecuencia de un sistema injusto y de decisiones políticas que privilegian el crecimiento económico y el lucro por encima de la justicia y la solidaridad; que se inclinan ante el poder de los mercados, en lugar de promover un desarrollo equitativo, justo y sostenible para toda la humanidad; que priorizan el déficit económico sobre el déficit social, que consideran los derechos sociales como un privilegio para épocas de bonanza económica y no como un deber que los Estados deben garantizar.
Los mercados NO pueden dirigir el mundo ni las vidas de millones de personas. El centro de las políticas públicas deben ser las personas y no el lucro sin límites.
LOS RECORTES GENERAN POBREZA Y DESIGUALDAD
La política pública de cooperación internacional ha sufrido un desmantelamiento progresivo hasta quedar reducida a poco más que las cantidades obligatorias que tenemos como Estado Miembro. La Ayuda Oficial al Desarrollo para 2013 será del 0,20% de la Renta Nacional Bruta Española, lo que nos lleva a niveles de finales de los 90. La Agencia Española de Cooperación Internacional ve recortado su presupuesto en más de un 70%, quedando únicamente recursos para poco más que mantener su propia estructura. El gobierno parece decidido a poner fin a un sistema de cooperación exigido por la comunidad internacional desde 1970 para garantizar el derecho de todas las personas del mundo a vivir una vida digna.
En España los recortes sociales están significando la disminución de ayudas en servicios sociales a 3,3 millones de personas, la pérdida de calidad de la educación y de la sanidad, empleo precario, más desempleo, pérdida de poder adquisitivo, exclusión social, y más retrocesos en el disfrute de derechos humanos. La disminución de recursos destinados a inversión social tendrá consecuencias gravísimas en las personas más vulnerables y, en particular en las mujeres.
Las medidas de ajuste que se están tomando generan niveles de desigualdad intolerables que condicionarán el futuro de las próximas generaciones, limitarán su capacidad de ejercer sus derechos, su bienestar… América Latina y África vivieron lo mismo en décadas pasadas y el resultado ha sido nefasto para millones de personas que han sido arrojadas a la pobreza. ¿Por qué insistir en políticas que sabemos que van a tener tal coste humano?
EXIGIMOS UN CAMBIO DE MODELO PORQUE EL ACTUAL HA DEMOSTRADO QUE NO FUNCIONA
Es injusto que estén precarizados servicios básicos como la cobertura sanitaria, la ayuda a la dependencia, la educación en el medio rural, la alimentación infantil en comedores escolares, las ayudas al desempleo, que se penalice a personas enfermas y se les señale como causantes del déficit en el sistema sanitario.
Es injusto que las medidas de ajuste afecten directamente a la población infantil que recibirá una alimentación desequilibrada e insuficiente. También lo es que se retroceda hacia un modelo en el que las mujeres se verán relegadas a un segundo plano y no podrán ejercer libremente sus derechos humanos.
La crisis no puede ser la excusa para retroceder en derechos, para eliminar las políticas públicas redistributivas y garantes del bienestar social, entre las que se incluye la cooperación al desarrollo y la inversión social. SÍ, HAY OPCIONES porque hay otras maneras de construir el mundo que queremos, y SÍ, HAY DINERO para hacer OTRAS POLÍTICAS. Los servicios públicos se financian mediante los impuestos, y es posible obtener recursos públicos que garanticen su mantenimiento.
Para luchar efectivamente contra la pobreza, necesitamos crear un mundo justo y sostenible, en el que todos los seres humanos puedan disfrutar sus derechos, y disfrutar de una vida libre de violencia y de pobreza. Para salir de la crisis necesitamos construir una sociedad más justa y solidaria, que se fundamente en el respeto de los derechos humanos, en la lucha contra la desigualdad, en la búsqueda de propuestas inclusivas y sostenibles para todos.
Tenemos los recursos y capacidades para poder acabar con la pobreza y las desigualdades, pero necesitamos el compromiso y la responsabilidad de los Estados y de la ciudadanía.
Acabemos con el fraude fiscal, con la evasión y la elusión de impuestos, con los paraísos fiscales. Hagamos que las transacciones financieras internacionales paguen impuestos y entonces podremos controlar el déficit sin acabar con los derechos de las personas. Las cifras hablan por sí solas: por cada dólar que África recibe como cooperación al desarrollo, salen tres dólares como flujo ilegal de capital. Y sólo en España, el fraude fiscal anual asciende a 90.000 millones de euros.
HAY ALTERNATIVAS:
1. Exigimos que las políticas públicas protejan, promuevan y garanticen todos los derechos civiles, políticos, laborales, económicos, sociales, culturales y medioambientales. Los derechos humanos no son un lujo únicamente viable en tiempos de prosperidad, deben ponerse por encima de los intereses económicos y comerciales. Garantizarlos, es el fin último de la política y de la economía.
2. Exigimos que la lucha contra la pobreza sea una política de Estado que alcance todos los niveles del gobierno (central, autonómico y local), independientemente del grupo político que esté en el poder.
3. Exigimos el cumplimiento del 0,7% de la RNB para Ayuda Oficial al Desarrollo en 2015 y que se destine un 30% del PIB a inversión social (sanidad, educación, dependencia, protección social), igualando la media a niveles europeos.
4. Exigimos que los recursos públicos para resolver la crisis se obtengan con un sistema fiscal progresivo (que grave más a quien más tiene y que garantice políticas redistributivas).
5. Exigimos que se regule los mercados financieros que han causado la crisis que nos afecta tanto en España como en el resto del mundo y que se cancele la deuda externa.
6. Exigimos la creación de un impuesto a las transacciones financieras internacionales - como el ya aplicado en otros países -, la eliminación de los paraísos fiscales y la persecución de la evasión y la elusión fiscal, para obtener fondos suficientes para mantener las políticas sociales, de desarrollo y medioambientales y para regular a los mercados y controlar a las instituciones financieras, que han debilitado las economías de todos los países y han causado la crisis actual.
7. Reclamamos, un sistema en el que se garantice el derecho de todas las personas, DE TODO EL MUNDO, a tener un nivel de bienestar mínimo, de acuerdo con la dignidad humana. Un sistema que promueva la igualdad, la solidaridad, la sostenibilidad ecológica, los derechos sociales y económicos y el desarrollo pleno de todas las personas que habitan el planeta.
Podemos hacer mucho. Podemos hacerlo mucho mejor. Y podemos hacerlo en unidad si ponemos algo de nuestra parte, sobre todo quienes más tienen. Pero tenemos que empezar a hacerlo YA.


martes, 9 de octubre de 2012

Al rio Sinodal

Está nuestra iglesia en época sinodal. Con un tema urgente, sugerente y provocador: LA NUEVA EVANGELIZACIÓN EN LA TRANSMISIÓN DE LA FE. Y por lo visto han pedido a Cáritas Internacional, su reflexión desde su visión. El documento es un poco largo para colgarlo. Optamos por poner un resumen y si alguien lo quiere entero que lo pida y se le facilita. Desde luego que desde la visión de CARITAS se puede hacer un buen regadío a la evangelización y los trasvases que se hagan no serán infecundos.

APORTACIÓN DE CARITAS INTERNATIONALIS AL SÍNODO DE LOS OBISPOS SOBRE
LA NUEVA EVANGELIZACIÓN PARA LA TRANSMISIÓN DE LA FE


Octubre -2012

LA ACCIÓN CARITATIVA Y SOCIAL DE LA IGLESIA, DIMENSIÓN CONSTITUTIVA DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN
«El testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelización».

RESUMEN

A pesar de algunas esperanzadoras alusiones a la caridad, nos preocupa la escasa atención que merece la acción caritativa y social de la Iglesia en la acción evangelizadora tal como es presentada en los documentos de preparación al Sínodo: Lineamenta e Instrumentum laboris.

Consideramos que en ellos no se ve reflejado el lugar que corresponde al servicio de la caridad en el contexto y el proceso de la evangelización que la Iglesia está llamada a llevar a cabo y que se dispone a animar en este Sínodo.

Esta falta de consideración al servicio de la caridad nos lleva a manifestar algunas preocupaciones:

-Somos conscientes de que la evangelización es en sí misma obra de la caridad, al igual que reconocemos que la caridad no se reduce a la acción caritativa y social de la Iglesia, pero entendemos que este servicio de la caridad merece ser tenido en consideración como elemento constitutivo de la misión evangelizadora de la Iglesia.

-La crisis de credibilidad de la Iglesia y, con ello, la debilidad de su misión en la sociedad actual, es un hecho. Hay encuestas que nos dicen que la gente no pone su confianza en la Iglesia de las verdades, de la ortodoxia. En cambio, sí que suscitan confianza las instituciones eclesiales dedicadas a la “diaconía de la caridad”. Da la impresión de que la diaconía de la fe es distinta de la diaconía de la caridad. La nueva evangelización debe hacer ver que se trata de una sola diaconía con dos vertientes. Más todavía: debería ser la diaconía de la caridad el motor de la misión, la portadora de la visión.

-Si el servicio de la caridad no es considerado evangelizador y no entra en la reflexión sinodal como un elemento constitutivo de la evangelización, la evangelización se empobrece y el servicio caritativo se desvirtúa y se reduce a una consecuencia ética del Evangelio y a una tarea asistencial.

-Los documentos presinodales no recogen adecuadamente el magisterio pontificio sobre el tema. No recogen el magisterio de Benedicto XVI que nos ofrece afirmaciones claras y luminosas sobre la dimensión evangelizadora del servicio de la caridad que no se pueden ignorar. Tampoco recogen afirmaciones claras del Presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización.

-Si estos vacíos se mantuvieran en el Sínodo, un Sínodo dedicado a la Evangelización en todas sus dimensiones - no a la catequesis, a la educación o a la pastoral familiar-, perderíamos una oportunidad privilegiada de dar a la caridad el lugar que le corresponde en la misión evangelizadora de la Iglesia y de aportar al anuncio del evangelio la significatividad y credibilidad que éste necesita.

-Son muchos los cristianos en el mundo que como voluntarios y como contratados vocacionados ofrecen su vida y su trabajo a la Iglesia en instituciones y obras de caridad. Perdería la Iglesia un gran potencial evangelizador si no considerara su servicio como un verdadero instrumento de la evangelización y si no tuviera para ellos unas palabras de reconocimiento, orientación y aliento en este servicio.

-Y se perdería una oportunidad privilegiada de potenciar y fortalecer la eclesialidad de Cáritas y de las instituciones de la Iglesia dedicadas a la caridad, pues el camino para fortalecer la eclesialidad de la acción caritativa y social consiste en dar a la caridad el lugar que le corresponde en la misión evangelizadora de la Iglesia y en las estructuras pastorales de la comunidad cristiana. Teniendo en cuenta todo esto, y para potenciar el dinamismo de la nueva evangelización, consideramos necesario ofrecer al Sínodo algunas propuestas:

1ª.-Presentar la acción caritativa y social de la Iglesia como una dimensión constitutiva de la evangelización.

2ª. -Reconocer la centralidad de la diaconía de la caridad como un modo privilegiado de evangelizar

3ª. -Apostar por una eclesiología de la caridad que evangeliza desde lo social y en lo social

4ª.-Considerar la importancia del ejercicio organizado de la caridad para el testimonio evangelizador de la Iglesia.

5ª.-Valorar como agentes de evangelización a los que ejercen el servicio de la caridad

6ª.-Animar la espiritualidad que requiere el ejercicio de la caridad para ser evangelizadora

7ª.-Clarificar que anunciar el Evangelio en el ejercicio de la caridad no es hacer proselitismo
La cuestión básica en la nueva evangelización no sólo es cómo anunciar el Evangelio, sino preguntarnos si el Evangelio que anunciamos es buena noticia para los pobres y si nosotros, como Iglesia, hacemos creíble este Evangelio. La diaconía de la caridad debe ser el motor de la misión y su signo de credibilidad.